“El lujo de volver a casa”


Maricha Martínez Sosa
¡Saludos saludables! De este lado de la pantalla de nuevo Maricha Martínez Sosa, tu (auto-proclamada) embajadora dominicana en Etiopía, porque a falta de pan, casabe :P.

En artículos anteriores te hablé de cómo cachimbo llegué a África, ¿en qué se parecen RD & Etiopía?, y claro, sobre la gastronomía y los antojos de los que he sido víctima estando tan lejos. Ahora voy a contarte como ha sido el contraste al volver a casa. Si, leíste bien: volví, momentáneamente a RD.

Volví, porque era el cumple de mi mami y porque quería navidad aplatanada. El año pasado la pasé en Alemania y casi me da un tereke pues por distintas circunstancias no pudimos armar una cena y lo que comimos estuvo TAN ‘de ná’ y ‘caído’, que le dije a Roland (mi medio aguacate / esposo) que daba igual donde estuviéramos el año siguiente, a mi me tocaba navidad dominicana. Claro, lo que yo no calculaba al decirlo era que estaríamos viviendo en África… ¡GRACIAS!

Lo mío fue en plan ‘volvió Juanita’, con amistades y familiares casi ‘halándose los cabellos’ para verme primero. Era como ser ‘el sabor de la temporada’ o ‘la última Coca Cola del desierto’ y no te escondo que se sintió muy, muy bien.

Ahora, la pregunta clave: ¿Qué hice desde que llegué?

*¡COMER!
En serio, ¡me comí la isla! No hubo quipe, pastelito, pastel en hoja, catibía, dulcito de coco, [inserta aquí el nombre de CUALQUIER delicia criolla que se te ocurra] …. que se salvara de mis garras.

Si algo he aprendido estando TAN lejos de la isla es el placer de disfrutar aquello que vemos como lo ‘normal’: nuestra cultura, nuestros sabores y esas mojigangas tan propias que pasamos por alto y que son lo que nos hace realmente únicos como dominicanos.

¡HABLAR!
De corazón que no tengo palabras para explicar lo que extrañaba el estar en un lugar donde se habla español y donde poder entenderlo todo… TODO. No necesitar traductor cómo en Etiopía, ni comprender a medias como en Alemania. Uno no se da cuenta de lo cómoda y sencilla que es la vida cuando tu cerebro baja hasta en neutro con cosas tan básicas como el idioma y lo rico que es poder siempre comunicarte sin tener que pararte a pensar.

* COMPARTIR
Uno habla de la familia y amigos tanto que es ya un cliché, pero ¡DioMio! Pocas cosas me hacen más feliz que echarme en la cama de mi mami a hablar plepla con ella, salir con mis sobris a alguna actividad interesante o soltar unas cuantas carcajadas en el sofá de alguna amistad. Es tal que hasta disfruté acompañarles a asuntos cotidianos pues me permitió disfrutar de la chulería de estar rodeada de gente que auténticamente me quiere y que me aprecia.

* CAMBIAR
¿Qué cambió? En pocas palabras: YO.
Cuando venía de Europa o USA siempre me quejaba de lo que no teníamos acá, de la falta de desarrollo, de la carencia de cortesía en las calles, de la agresividad que poco a poco nos ha robado aquella alegría y nobleza que nos hacía tan famosos a nivel mundial…

Pero, y volviendo a pecar de cursi, esta africana experiencia de vida me ha cambiado full y me ha permitido poder apreciar cosas como que mi país está MUCHO mejor de lo que yo (y probablemente también tú) le daba crédito.

Siendo totalmente honesta, creo que ERREDÉ no es ni el reflejo de lo que podría ser y que nos estamos quedando cortos en el nivel de ‘aperidad’ al que podemos llegar. Pero luego de haber estado TAN lejos he podido adoptar una perspectiva distinta: ya aprecio mucho más los esfuerzos de nuestros gobiernos de optimizar la infraestructura de la ciudad, de mejorar la experiencia en las oficinas públicas, del trabajo de los individuos que con su admirable espíritu emprendedor han creado iniciativas turísticas, comerciales y culturales que nos ponen en el mapa, pese a nuestro pequeño tamaño.

Y es que estando en África aprendí a ver como un montón de cosas se vuelven ‘pequeños grandes lujos’ y aquello de: “uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde” de repente es el resumen de mi día a día y situaciones tan elementales como ir al baño, usar el internet o hasta ir de compras pueden llegar a ser una aventura extrema (ya entraré en detalles luego, que eso da para un artículo completo).

Cada vez me he acostumbrado más a la vida en Addis Abeba, adaptado más y mejor a su realidad, encontrado sus señales de desarrollo, descubierto muchos de sus agradables secretos, conocido a gente interesante y divertida… PERO, la felicidad de volver a casa, de volver a mi pedacito de paraíso, de volver a tener MAR, visitar MIS playas, de volver a perderme en el placer de aquellos sabores de mi niñez, de volver a estar en una ciudad donde conozco las calles y su historia, y de tener tanto a MI gente como a mis lugares favoritos a pocos minutos, eso… ¡NO TIENE PRECIO! (Aunque la deuda de mi pasaje en la tarjeta de crédito esté muerta de la risa diciendo lo contrario).

Ahora que estoy re-adaptándome con mi vuelta a África te puedo decir que en RD me recargué las pilas y que estando ‘en casa’ (la original) he aprendido a amar [Y CELAR] lo nuestro con mucha más intensidad.

Espero que este 2018 te esté arrancando con buen pie y que si no, recuerdes que está en ti cambiar lo que no te gusta y aprender a valorar esos pequeños instantes de felicidad. Nos leemos pronto, cambio y fuera 🙂

Sigue a Maricha Martínez Sosa: (Website…), (Instagram…). Proyectos: (QueMashago.com) y (Cultoural.com)

 

 

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