
República Dominicana.– La desconfianza en el agua que llega por las tuberías ha transformado un servicio público en uno de los negocios más extendidos del país. Más de ocho de cada diez hogares dominicanos compran agua para beber, una práctica tan normalizada que ha dado origen a una industria de miles de plantas purificadoras, flotillas de reparto, fabricantes de botellones, dispensadores y camiones cisterna.(Seguir leyendo…)























































