
El embarazo en nuestras adolescentes lo hemos denunciado desde hace décadas y podríamos pasarnos un siglo haciéndolo para seguir viviendo una realidad que crece. El embarazo en nuestras niñas de 12 y 13 años es un triste indicador o señal de una vulnerabilidad que obliga al Estado, a la familia, al sistema educativo y a los servicios de Salud a cuestionarnos sobre si realmente vamos caminando hacia esa meta a la que hemos dado en llamar desarrollo. (Seguir leyendo…)





















No me canso de clamorear por justicia y este sistema fallido de por sí no puede controlar algo tan obvio ante la sociedad como es el abuso sexual a menores. El primer enfoque que debemos hacer antes de calcular estas estadísticas es la ubicación de cada responsable del embarazo que es un violador probado y suelto en la calle sin ninguna consecuencia. O hay justicia para todos o no hay justicia para nadie (O tó toro o tó vaca). Por eso soy un abanderado de liberar a Wander Franco, no porque sea inocente sino porque la justicia obra con injusticia, y no puede ser que alguien pague solo la deficiencia del sistema. Fácil, el expediente de todo violador detrás de una adolescente embarazada no hay que instrumentarlo ni recabar pruebas porque nada es más evidente que un embarazo. Nadie puede esconderlo. El país registró 7,124 embarazos adolescentes entre abril y junio de 2026 sólo por citar un número; comiencen por ahí citando a cada violador para que responda por el daño y dejen de buscar la fiebre en la sábana.