
Soler explica a La Vanguardia que, para proteger los riñones, es ideal consumir alimentos con bajo contenido de sal. Una señal de que nos hemos acostumbrado a comer bajo en sal es cuando salimos a un restaurante y la comida nos sabe muy salada. La estrategia de la experta es pedir que los aderezos y acompañamientos se sirvan aparte; de esta forma, se mantendrá el control absoluto, ya que el sodio está oculto en todas partes. (Seguir leyendo…)





















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