
Abrir un restaurante puede parecer, desde fuera, un negocio atractivo: un buen local, una carta tentadora, una decoración cuidada y clientes entrando por la puerta. Pero detrás de cada mesa servida hay una operación mucho más exigente. Costos que controlar, personal que gestionar, proveedores, equipos, horarios interminables y, sobre todo, un cliente que cada vez sabe mejor qué quiere. En República Dominicana, donde la oferta gastronómica se renueva constantemente, algunos restaurantes han conseguido algo que no resulta sencillo: permanecer en el gusto de los comensales durante décadas. (Seguir leyendo…)





















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