
República Dominicana.–Como no han dicho los nombres, todavía no sabemos si el embajador cubano está en la lista de los diplomáticos expulsados por el Gobierno dominicano. La nota oficial cumple, eso sí, con todos los periquitos del glamour diplomático, que nadie esperaba que fueran a faltar en una gestión encabezada por el canciller Roberto Álvarez. Se habla de más de veinte expulsados porque la lista incluiría familiares.
Pero si el embajador está entre ellos, el asunto cambia de tamaño. Ya no estaríamos hablando simplemente de unos cuantos funcionarios cubanos declarados personas non gratas, sino de una crisis diplomática de mayores proporciones.
El periódico El Día atribuye a una fuente la información de que la decisión del Gobierno de Luis Abinader se debe a que los cubanos estarían utilizando su acreditación diplomática para realizar labores de inteligencia. Hay que suponer que esa inteligencia no era para averiguar dónde venden los mejores puros, sino para obtener información que pudiera afectar la seguridad del Estado dominicano.
Cuba respondió con el mismo glamour. Dijo lo que todos podíamos imaginar: que la decisión dominicana forma parte de las presiones que recibe el régimen cubano del Gobierno de Donald Trump. Lo curioso es que La Habana no anunció, al menos por ahora, una medida de reciprocidad, que es una de las respuestas más tradicionales cuando dos países deciden jugar al ping-pong diplomático.
Y aquí aparece el otro problema: República Dominicana forma parte del selecto grupo de países amigos de Donald Trump, aquel que quedó retratado en la famosa reunión de Florida. El detalle es que la amistad no ha impedido que Washington nos ponga aranceles y después nos los aumente. Parece que somos amigos, pero de esos amigos a los que se les cobra la cuenta completa.
La verdad es que esta es la lucha del enano contra el gigante, y el gigante, por lo visto, solo sabe pelear con los chiquitos.
Todavía ayer, el Gobierno de Trump mantenía a República Dominicana en una lista negra por el supuesto trasbordo de productos chinos. Porque, aparentemente, negociar con China es pecado cuando quien negocia no es Estados Unidos.
Por eso este episodio merece atención. Estamos ante un hecho prácticamente inédito en la historia de las relaciones exteriores dominicanas. Desde mayo de 1960, cuando la dictadura de Trujillo expulsó al encargado de comunicación de la embajada estadounidense, Carl Davis, República Dominicana no había vuelto a expulsar a un diplomático extranjero.
Y resulta todavía más curioso que ocurra ahora con Cuba. Hace apenas treinta años que República Dominicana restableció relaciones diplomáticas con la isla, después de haber sido uno de los últimos países del hemisferio en hacerlo tras las sanciones de la OEA al régimen de Fidel Castro.
Ayer, precisamente, cuando en la Universidad Autónoma de Santo Domingo se celebraba el centenario de Castro, el Gobierno dominicano pareció escoger la fecha perfecta para aguar la fiesta.
He visto también la queja de quienes sostienen que Cuba ha sido solidaria con República Dominicana y que los cubanos no merecen este trato. Pero los gobiernos no están obligados a ser solidarios, como tampoco están obligados a arrodillarse. Una cosa es la solidaridad entre pueblos y otra muy distinta son los intereses de los Estados.
Ahora bien, uno se pregunta qué información de seguridad dominicana puede resultar tan valiosa para Cuba. Porque, sinceramente, no alcanzo a imaginar qué secreto estratégico de este país puede interesarle a La Habana más allá de saber cuántos huevos estamos exportando mensualmente a la isla. Y son unos cuatro millones, que tampoco es un secreto de Estado.
El problema es que todavía no sabemos si el Gobierno dominicano tiene un plan B.
Porque si la estrategia era acercarse a Trump para conseguir protección, consideración o un trato preferencial, los resultados hasta ahora no parecen extraordinarios. Nos ponen aranceles, nos suben los aranceles, nos colocan en listas incómodas y ahora, además, nos meten en una disputa diplomática con Cuba.
De modo que uno empieza a preguntarse si toda esta demostración de amistad con Washington no ha servido para otra cosa que para descubrir una vieja verdad de la política internacional: lamerle las botas al gigante no garantiza que el gigante deje de pisarte.





















Comunista detectada
genocida detectado
Si expulsaron al embajador, usted piensa que los familiares se van a quedar en RD.