
República Dominicana.–Eran las 9:00 de la mañana, los perros estaban echados en la entrada del destacamento. No parecía importarles quién entraba ni quién salía. Antes de cruzar la puerta ya se escuchaban las voces de los policías, quienes hablaban entre ellos en un tono distendido sobre sus vidas, hasta que la llegada de un ciudadano cambió por unos segundos la conversación.(Seguir leyendo…)





















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