
Hablar de Porfirio Rubirosa es hablar de uno de los dominicanos más conocidos del siglo XX. Diplomático, piloto, jugador de polo, amante de los autos deportivos y figura habitual entre la alta sociedad internacional, “Rubi” construyó una leyenda que trascendió las fronteras de la República Dominicana.
Sin embargo, su historia llegó a un final inesperado la madrugada del 5 de julio de 1965.
Tras celebrar su victoria en un torneo de polo en París y compartir con amigos en un exclusivo club nocturno, Rubirosa abordó su Ferrari 250 GT Cabriolet para regresar a casa.
Mientras conducía por una avenida de la capital francesa, perdió el control del vehículo, impactó contra un árbol y falleció prácticamente al instante debido a la gravedad de las heridas.
Tenía 56 años.
Su muerte conmocionó tanto a Europa como a América Latina. No era para menos. Rubirosa se había convertido en un símbolo del glamour, la elegancia y la vida de lujo.
Su nombre aparecía constantemente en las revistas internacionales por sus matrimonios con mujeres millonarias, sus amistades con celebridades y su estilo de vida extravagante.
Nacido en San Francisco de Macorís, Rubirosa también fue diplomático durante la era de Rafael Leónidas Trujillo, aunque con el paso de los años su figura trascendió la política para convertirse en un personaje de fama mundial.





















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