
Jean Suriel
Una severa tormenta que azotó a Idaho, Estados Unidos, llamó la atención por la rapidez con la que cubrió las calles de granizo y generó inundaciones repentinas en pleno inicio del verano.
Varios factores atmosféricos se combinaron para generar este panorama espectacular: una baja presión que transportaba una masa de aire polar chocó con el aire cálido y húmedo propio de la temporada de verano en la superficie de los valles.
La rápida caída del aire frío y la lluvia pesada desde la tormenta hacia la superficie generaron frentes de ráfagas de hasta 95 km/h.
Las ráfagas derribaron árboles y cableado eléctrico dejando a miles de usuarios sin energía: también arrastraron horizontalmente el granizo y la lluvia, reduciendo la visibilidad a cero en pocos minutos.





















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