
Ninguna consecuencia legal ha devenido para los fumigadores que, lógicamente, no han tenido los pies sobre la tierra ni sobre las realidades del mal que causan a nivel del suelo: esparcen venenos desde avionetas cuyo sonido de motor tiene ya para comunidades rurales francomacorisanas preludio de severos daños a la salud. Desde el aire les están cayendo químicos que generan lesiones craneales crónicas, convulsiones, problemas de concentración, hipotiroidismo, infertilidad y malformaciones transmisibles a descendientes. (Seguir leyendo…)



















