
Después de Nueva York y Londres, la epidemia de chinches llegó a Paris. No se instalaron solo en los hoteles sino en las butacas de los cines. Después de las tres horas de ver Oppenheimer, los cinéfilos salen de las salas picados, rascándose y con unas manchas coloradas y extendidas en la piel. Un grave problema cuando Paris esta organizando los juegos Olímpicos el año que viene.(Seguir leyendo…)
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