
David Ortiz no es el padrino de Vladimir Guerrero Jr., es Pedro Martínez, su gran amigo y guía en esos Expos cuando llegó a la Major League en 1996.
Pero a decir por la forma en cómo el hijo del inmortal trata (o maltrata) a los Yanquis, sobre todo en El Bronx, pareciera como si el Big Papi le hubiese pasado los códigos secretos y encargado la encomienda de prolongar el azote que el expelotero comenzó el siglo pasado. (Seguir leyendo…)




















