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En el país no acabamos de aprender la dolorosa lección que dejan estos feminicidios, convertidos en una especie de pandemia social que no cesa y que hay que enfrentar con mayor eficiencia.
No transcurre una semana sin que uno de estos episodios deje de estremecer a una familia.
Lo más penoso, además del balance trágico y de los niños que quedan en la orfandad, es que en muchos casos habían dado señales, o sea que pudieron ser evitados.




















