Su pecado principal es apelar al cine de fórmula con obvia intención del enganche emotivo, pero eso no le resta absolutamente nada, ni siquiera la iluminación a contraluz que se siente cuando dos de los protagonistas caminan en la acera.
Su pecado principal es apelar al cine de fórmula con obvia intención del enganche emotivo, pero eso no le resta absolutamente nada, ni siquiera la iluminación a contraluz que se siente cuando dos de los protagonistas caminan en la acera.