
Hace unos años, estaba de acampada en Estados Unidos cuando un oso negro pasó cerca. Mientras lo observaba olfatear por el campamento, me pregunté: si fuera necesario, ¿podría correr más rápido que él? Al consultar después las velocidades que alcanzan los osos, la respuesta quedó clara: en absoluto. Además de que huir corriendo puede desencadenar una persecución —por lo que no es recomendable—, los osos negros pueden llegar a alcanzar hasta 48 km/h. (Seguir leyendo…)





















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