Julián Oro Duro: los buitres que lucran con el dolor


Altagracia Salazar
Julián Sarante, el artista conocido como Oro Duro, no pronunció discursos ayer, pero está padeciendo en carne propia esta epidemia. Perdió a su esposa, tiene dos hijas que han quedado huérfanas de madre y, encima del dolor, ha tenido que soportar el desfile de supuestos expertos que compiten por presentar la teoría más disparatada sobre el asalto que sufrió. Las autoridades han identificado a presuntos responsables y recuperado parte de lo robado, pero algunos parecen empeñados en que la realidad no les arruine el espectáculo.

Que quede claro: esta servidora no se opone a que se amplíen las investigaciones. Todo lo contrario. Si alguien ha defendido la necesidad de investigar hasta las últimas consecuencias, soy yo. Pero una cosa es exigir que se esclarezca un crimen y otra muy distinta es convertir la tragedia de una familia en una fábrica de especulaciones para alimentar las redes sociales.

Ayer, el abogado Cándido Simón tuvo que trasladarse a Santiago para presentar una denuncia por presunta extorsión contra el cantante. Según lo denunciado, habría quienes pretendían obtener tres millones de pesos apoyándose en teorías que ellos mismos promovían. Si los hechos se comprueban, estaríamos ante una forma particularmente miserable de hacer negocios: primero se fabrica la sospecha, luego se explota públicamente y finalmente se pasa la factura a la víctima.

Por ahí anda también el detective que alimentó teorías, presumió de contactos y terminó, según se ha divulgado, dando explicaciones y pidiendo perdón. Varios influencers han sido sometidos a la justicia y todavía queda gente convencida de que sabe más que los investigadores, los fiscales y hasta Aristóteles. En este país basta abrir una cuenta en las redes para que algunos se gradúen automáticamente de detectives, fiscales y jueces. Todo sin examen, sin pruebas y, sobre todo, sin vergüenza.

El problema es que el daño no se queda en la pantalla. Las teorías irresponsables golpean la reputación, la tranquilidad y la vida de personas reales. Hay quienes creen que, por no ser famosos, están a salvo de esta industria del descrédito. Se equivocan. Hoy la víctima puede ser un artista conocido; mañana, cualquier ciudadano al que alguien decida convertir en protagonista de una historia inventada.

La libertad de expresión no es una licencia para difamar, ni el dolor ajeno es una mercancía. Investigar es preguntar, contrastar y buscar pruebas; especular es rellenar los vacíos con ocurrencias y venderlas como verdades. Y cuando alguien usa el sufrimiento de una familia para ganar notoriedad o conseguir dinero, deja de ser un simple cazador de likes: se convierte en parte del problema que dice denunciar.

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Percha es la firma de Rafael Vásquez, director editorial de Remolacha.net, uno de los blogs de noticias más antiguos de República Dominicana (desde 2005). Lleva 20 años cubriendo la actualidad, la farándula y los videos que el dominicano comenta — aquí y en la diáspora.

*Noticias República Dominicana

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