
Nos decían, a veces con cariño, a veces con vergüenza: «Allá no hables así». «Trata de hablar neutro». «Que no se te note tanto». Como si el acento fuera una mancha en la camisa que había que sacudir antes de entrar a la entrevista, a la escuela, al trabajo nuevo.(Seguir leyendo…)





















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