
El presidente Donald Trump dio un giro en su política tecnológica y evalúa imponer controles a los modelos de inteligencia artificial antes de su lanzamiento. La Casa Blanca creará un grupo de trabajo con empresas como OpenAI, Google y Anthropic para definir mecanismos de supervisión, incluido un sistema de revisión previa por parte del Gobierno.
El cambio rompe con su enfoque inicial de mínima intervención y responde al aumento de las preocupaciones sobre ciberseguridad, empleo y uso militar de la IA. El detonante fue la aparición de modelos avanzados capaces de detectar vulnerabilidades informáticas críticas, que encendió alarmas en Washington.





















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