
Se llamaba Jhon Reyes, tenía 22 años y era padre de un niño de un año. Salió de su casa la noche del 20 de febrero y junto a un amigo fue detenido en una redada. Tras enterarse de la detención, su madre Ana María Reyes, lo buscó incansablemente, efectuó un periplo por todos los cuarteles de Santo Domingo Oeste, pero jamás imaginó que encontraría su cuerpo irreconocible en la morgue del Inacif. (Seguir leyendo…)




















