
Mientras Tsachi Idan era llevado a Gaza, aún tenía las manos cubiertas de la sangre de su hija. No le permitieron lavárselas después de acariciar a Maayan, de 18 años, asesinada delante de su familia por un combatiente de Hamás.
Tampoco pudo limpiárselas antes de usar su cuerpo para cubrir a sus dos hijos menores, mientras el sonido de las explosiones zumbaba por el aire fuera de su casa. (Seguir leyendo…)
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