
Desde el pasado 10 de agosto, la vida de la familia de Julio César Llorente López ha dado un giro inesperado. El cubano fue detenido por agredir a un agente de la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (Digesett) y, desde entonces, sus allegados han vivido días amargos marcados por la incertidumbre y la distancia que impone la celda de máxima seguridad en la que se encuentra. (Seguir leyendo…)




















