
María José Rincón/Diario Libre
Hace muchos años descubrí que la expresión coloquial que yo conocía como «Quien fue a Sevilla perdió su silla» por estas tierras se decía «Quien fue a Villa perdió su silla».
Reinaba en Castilla Enrique IV, mediado el siglo XV, cuando Alonso de Fonseca, el Viejo, arzobispo de Sevilla, se entera de que le han concedido el arzobispado de Santiago de Compostela nada menos que a su sobrino, Alonso de Fonseca, el Mozo. (Seguir leyendo…)




















