
“Gracias a Dios y a Luis Abinader, que gracias a él mis hijos y yo vivimos mejor». Así se expresa María Guadalupe Espinosa, la joven madre de dos niños del municipio de Villa Altagracia, en la provincia San Cristóbal, que habitaba un rancho cubierto de hojalata, con piso de tierra, donde la lluvia dejaba poco espacio por invadir con la más ligera de las precipitaciones. (Seguir leyendo…)




















