
A unos 300 kilómetros de la paradisíaca Punta Cana, Josefina D’oleo comparte con dos hijas y tres nietos una vivienda de un solo dormitorio en la olvidada comunidad de Boquerón, donde la pobreza es hereditaria, un reflejo de la otra cara de República Dominicana, un país de enormes contrastes. (Seguir leyendo…)




















