La haitianización que vive la Republica Dominicana se sostiene en el pilar de los bajos salarios que han hecho a los trabajadores especializados de la construcción abandonar sus puestos para que los ocupen paisanos de Haití, que salen de los campos sin ninguna preparación a construir torres.
Se podría decir ya que está a la vista de todos, que la mano de obra de construcción haitiana ha dañado el perfil arquitectónico de la capital y Santiago; han impuesto, lo he dicho antes, un pañete de mazacote hasta en los nuevos edificios de la UASD, construidos durante el régimen de Leonel.




















