
Andrea y Jay nunca se imaginaron que estarían en una situación como esta: orando para que el corazón de su hija deje de latir antes de que Andrea termine desarrollando una infección letal.
La pareja estadounidense estaba de vacaciones en Malta cuando Andrea Prudente, con 16 semanas de embarazo, comenzó a perder sangre. Los médicos le dijeron que la placenta se había desprendido parcialmente y que su embarazo ya no era viable. (Seguir leyendo…)



















