
Unos globos blancos, un carro fúnebre y la incredulidad de los presentes, quienes entre el silencio se debatían las razones del hecho, convirtieron los pocos metros entre la funeraria municipal de Los Girasoles y la tumba del Cristo Redentor, en donde reposarían los restos de Estainer Florentino, en una caminata sin fin. (Seguir leyendo…)




















