
Desde niños, cuando queremos hacer un dibujo del cielo no dudamos mucho a la hora de elegir de qué color pintar el Sol: casi siempre lo dibujamos amarillo. Si queremos que sea más colorido, quizás le agreguemos unos rayos naranjas y rojos. Sin embargo, nuestra estrella más cercana y centro de nuestro sistema planetario no es ni amarillo, ni naranja, ni rojo. (Seguir leyendo…)



















