
Para una ciudad y su gente, tener un río en su demarcación es un privilegio por sus aportes de agua dulce, su ecosistema y su vía fluvial, pero se puede convertir en un gran problema si no se trata de manera adecuada, como es el caso del Ozama e Isabela, que fruto de las ocupaciones en sus riberas, de la contaminación, la deforestación y la falta de políticas públicas de conservación, se han convertido en los “vertederos” de las zonas urbanas del Gran Santo Domingo.Sigue leyendo…)




















