
Las limusinas no necesariamente son sutiles, pero siempre va a haber alguien por allí que mira a un coche ridículo y piensa, “¿Cómo puedo hacer que esto sea aún más absurdo?” Ese hombre era Jay Ohrberg. (Seguir leyendo…)

Las limusinas no necesariamente son sutiles, pero siempre va a haber alguien por allí que mira a un coche ridículo y piensa, “¿Cómo puedo hacer que esto sea aún más absurdo?” Ese hombre era Jay Ohrberg. (Seguir leyendo…)