
Las “corridas de toros”, como las denominamos, alguna vez tuvieron lugar en toda la isla, pero aquella forma del pasatiempo ha sido conservada sólo en El Seibo, una comunidad que por haber sido establecida en un lugar céntrico y al Este de la isla, podía muy bien ser refugio de gente conservadora frente a las contingencias de la vida colonial, de la revolución de Haití y de la invasión de Boyer. (Seguir leyendo…)





















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