
De joven, a finales de la década de 1970, Sanae Takaichi viajaba seis horas al día en autobús y tren desde la casa de sus padres, en el oeste de Japón, para ir a la universidad. Era una aficionada al heavy metal y a las motocicletas Kawasaki, y ansiaba mudarse. Pero su madre insistió al principio en que se quedara en casa, y le prohibió vivir en una pensión antes de casarse. “Soñaba con tener mi propio castillo”, escribió Takaichi en unas memorias de 1992. (Seguir leyendo…)




















