
Perseguido por el gobierno de Pedro Santana, Luperón tenía una misión clara: acabar con la anexión a España. Pero había un problema: si lo descubrían regresando al país, volvería a caer preso.
¿La solución? Ingenio, coraje… y un poco de teatro.
Se hizo pasar por Eugenio el Médico, un homeópata fallecido que había conocido en Jamaica.
Tomó su instrumental, asumió su identidad, y así logró entrar a territorio dominicano sin ser reconocido.
Se refugió en Sabaneta, bajo el techo del cura Juan Pineda, y desde ahí tejió alianzas, entre ellas con Santiago Rodríguez, y siguió trabajando para conseguir la ansiada Restauración.
Con ese acto inteligente y arriesgado, Luperón dio un paso decisivo para convertirse en uno de los grandes héroes de nuestra historia.




















