Empieza un nuevo día. Suena la alarma, abres los ojos y, antes de levantarte, tu mano va directamente hacia el teléfono. Quizás solo para apagar la alarma, revisar el clima o echar un vistazo rápido a las notificaciones. Sin embargo, esos «cinco minutos» se convierten en 15, 30 o incluso más. Y sin darte cuenta, tu cerebro ya ha sido bombardeado con información antes de que siquiera hayas salido de la cama. (Seguir leyendo…)
