Santo Domingo.— Estás frente a la entrada de una tienda y las puertas se abren automáticamente. Sientes el viento frío del aire acondicionado, alivio ante el sofocante calor. Escuchas una voz que te dice: «Hola, soy tu amiga y estoy aquí para ayudarte». Cuando observas, se trata de un robot de algunos cuatro pies, que tiene una pantalla delante donde se presentan múltiples anuncios publicitarios, y arriba tiene dos «ojos» que te observan como si se esperara que le des la orden para proceder. (Sigue leyendo…)
