
En la República Dominicana de mediados del siglo XX, el destino de un joven espigado y atlético parecía estar sellado en los diamantes de béisbol. Raúl Grisanty tenía las condiciones, la velocidad y hasta cuatro contratos en blanco sobre la mesa para dar el gran salto al profesionalismo. Sin embargo, su destino no estaba escrito con un guante de cuero, sino con un micrófono. Aquel joven que nació un 14 de diciembre de 1951 en la histórica y costera Manzanillo, Montecristi, terminó convirtiéndose en una de las figuras más completas, carismáticas y polifacéticas del entretenimiento dominicano. Su historia es la de un deportista frustrado para orgullo de la música, un romántico empedernido y un batallador incansable de la televisión. (Seguir leyendo…)
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