Cuando el calor aprieta, la respuesta más inmediata suele ser encender el aire acondicionado. El problema es que esa solución, repetida en millones de viviendas, tiene un coste enorme para las redes eléctricas. Los aparatos enfrían el interior, pero expulsan calor al exterior, consumen mucha energía y pueden intensificar la isla de calor urbana cuando se usan de forma masiva.(Seguir leyendo…)
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