En un mercado dominado por la ropa de bajo costo, la moda rápida (fast fashion) y las prendas de segunda mano, sastres y modistas han tenido que reinventarse para mantener vivo un oficio que durante décadas se transmitió de generación en generación. Hoy, para la mayoría de los clientes, acudir a un taller de costura ya no significa mandar a confeccionar una prenda desde cero, sino hacerle ajustes a una pieza comprada: subir un ruedo, cambiar un cierre o entallar un vestido. (Sigue leyendo…)
