
Nueva York está perdiendo a los dominicanos. Los números lo confirman: 30,000 menos en cinco años. Pero más allá de la estadística, se está perdiendo el alma de Washington Heights, el merengue de Dyckman, las frituras de la 207, la bandera que colgaba en cada bodega. Nos estamos yendo. Y la ciudad ni lo nota.(Seguir leyendo…)
