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Santo Domingo.– La tarde del 27 de marzo de 2026 no parecía distinta a cualquier otra en el Distrito Nacional, pero en el estacionamiento del cuarto nivel de una plaza de la Ave. Sarasota ya todo estaba en marcha. Horas antes, el destituido fiscal, Aurelio Valdez Alcántara, había hecho una llamada. Del otro lado, Roberto Canaán recibió la indicación de reunirse lo antes posible. Esta vez no sería en el lugar que habían quedado. (Seguir leyendo…)





















Tirar su carrera por el suelo sólo por la ambición
El dominicano tiene la percepción bien arraigada en su mente que los cargos en la administración pública son lugares para buscarse » lo mío «