
El Informe con Alicia Ortega
Desde hace casi 15 años, República Dominicana ha intentado frenar los delitos que se organizan y ejecutan desde las cárceles mediante el uso de tecnología de bloqueo de señales. Sin embargo, los intentos previos han fracasado, dejando en evidencia las fallas del sistema penitenciario y la vulnerabilidad de los proyectos implementados.
Los centros penitenciarios dominicanos han sido, durante años, un punto clave para el crimen organizado. Desde detrás de los barrotes se han planificado y ejecutado atentados como el del abogado Jordi Veras en 2010, ordenado desde la cárcel de Rafey en Santiago. También se han llevado a cabo innumerables fraudes telefónicos, extorsiones y operaciones de narcotráfico.
Según datos oficiales, el 90% de las llamadas fraudulentas en el país provienen de las cárceles, utilizando teléfonos robados y redes clandestinas de comunicación. Esto ha convertido el tráfico ilegal de llamadas en una industria criminal, con estructuras que involucran a internos, familiares y en muchos casos, al propio personal penitenciario.
Uno de los métodos más utilizados para ingresar droga a los recintos es el de “las palomas”, personas en motocicletas que lanzan sustancias al patio de las cárceles, donde internos con control territorial las recogen y distribuyen. (Seguir leyendo…)
