Lugares donde dominicano habla más plepla (Humor)

Por Orlando Holguín

hablador talking El dominicano tiene algo bueno: habla de to’ y se desahoga. Es capaz de, en una “retajíla” (retahíla) de palabras, arreglar todos nuestros problemas desde 1844 hasta la fecha. Decíamos en una rutina de humor, que si al dominicano le pagaran por hablar y no por trabajar, fuéramos la primera potencia del mundo, mandando pa’ la cola a países como Estados Unidos, Alemania, China, Japón y Francia. Hablar mucho dicen que no es bueno, pero desahogarse sin dudas debe ser muy beneficioso para la salud síquica y corporal.

Para suerte nuestra, disponemos de muchos lugares, oportunidades y situaciones para desahogarnos. Allí damos riendas sueltas a la lengua, siempre con la seguridad de que, como se dice, “no la estamos comiendo”.

El Salón de Belleza: Podría ser el femenino del juego de softball o del dominó. Allí, además de las damas ir a buscar belleza, tienen un ambiente donde pueden chismear, parlotear y sentirse a sus anchas. Una característica del salón de belleza del barrio, es que se bebe y ello puede contribuir a una tremenda chercha, con la ventaja de que el hombre no tiene presencia, ni tiene porqué estar allí, por lo que las mujeres están libres de control.

El Carro Público. El que no se ha montado en un carro público, no sabe todo lo que es capaz de hablar el criollo. En este tipo de transporte se suben siete personas desconocidas (si va lleno), y a los pocos minutos están hablando como si se conocieran de toda una vida. Son frecuentes las discusiones sobre pelota, religión y las más peligrosas: las de política, más aún cuando tres de los ocupantes son del PRD, tres del PLD y el chofer es un balaguerista renegado. Montarse en un carro del concho podría ser un anti estrés si quienes lo ocupan no son personas aburridas. En el trayecto se podría hablar de cuántos metros cúbicos de agua caen en las Cataratas del Niágara por segundos, pasando por analizar, con datos muy precisos, el calendario Maya, llegando hasta si es cierto que van a clonar al Balaguer, para que vuelva a gobernar.

La Guagua. Es similar al carro público, sólo que allí cabe una mayor cantidad de personas y se puede armar un tremendo jolgorio. En tiempo de elecciones, las guaguas pueden ser tomadas como termómetro para saber quién va a ganar y además se oyen algunas “linduras” de los pasajeros al referirse al candidato contrario al suyo. Pero si de hablar pluma e burro, burrundanga, vacuencias, bemberria, plepla y hasta sica se trata, en la guagua del transporte público el dominicano tiene uno de los mejores escenarios.

Filas. En las filas se goza un mundo, ya sea en empresas privadas o públicas. Las filas sirven para que el quisqueyano plantee situaciones de su diario vivir, y se puede hasta escuchar a alguien decir que no le salió nada la noche anterior. Las filas para sacar la placa del vehículo son de las más pintorescas y gozosas. En las filas criollas generalmente hay tres tipos de personas: la callada, la aburrida y la que habla mucha “pendejá”. Es posible escuchar a la aburrida decir a alguien: “Hermano, pero usted si habla. ¿Por dónde es que se apaga?” Claro, este tipo tuvo tres meses pasa sacar la placa, y lo dejó para él último día. De ahí su aburrimiento.

El Colmado. Nosotros, conocedores del colmado, lo designamos como “el centro social del desahogo del dominicano”. En el colmado se habla de to’. Este negocio se ha convertido en competencia de muchos otros, porque ahora se bebe, se baila y se canta, a mucho menor costo. Allí el cliente tiene libre potestad para darle rienda suelta al músculo de la palabra. Si el colmadero es cherchoso y chismoso, entonces mucho mejor es el ambiente del colmado.

Finalmente, consideramos que una campaña que podría beneficiar al gobierno actual, sería una que diga: “Dominicano, cuida tu corazón, habla pendejá”.

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